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7 principios que todo buen médico debería de seguir

Mantener una buena relación médico-paciente es fundamental para el ejercicio de la práctica médica y estos principios son básicos para lograrlo.
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Hoy día todo médico reconoce que mantener una buena relación médico-paciente es fundamental para el ejercicio de la práctica médica. Por ello resulta indispensable que todo profesional de la salud se esfuerce para mostrar congruencia en su modo de pensar hablar y proceder, pues la atención con calidad y calidez es básica para el desarrollo de una buena consulta.

Tan sólo basta con ponerte en los zapatos de tus pacientes por un segundo y reconocer que siempre exigirás lo mejor de los demás, es decir siempre esperarás recibir el mejor servicio posible, entonces, ¿por qué no empezar por brindar un servicio de excelencia tu mismo?

Es sumamente importante que un médico pueda mostrar estas características en su proceder diario. Por ello a continuación te sugerimos hacer una revisión concienzuda de 7 principios básicos que debe tener todo buen médico según Gregorio Marañón, médico endocrino, científico, historiador, escritor y pensador español, cuyas obras en los ámbitos científico e histórico tuvieron una gran relevancia internacional.

Los 7 principios propuestos por Marañón son:

Generosidad absoluta

…es necesaria para compensar la relatividad de una ciencia que es y será siempre, inexacta.

Uno de los puntos más complicados, pues en la actualidad parece que las personas han olvidado la importancia de la generosidad, es decir, dar sin esperar recibir nada a cambio. Ahora todos está orientado al lucro, incluso la medicina, siendo que anteriormente el objetivo final del médico era el de ayudar a quien sufriera de alguna dolencia. No obstante, es importante aclarar que debe existir un balance, pues el profesional de la salud requiere un pago por sus servicios.

Vocación y dedicación

La vocación médica podríamos definirla como la tendencia natural o predisposición personal para ayudar -más allá del deber- a los demás y principalmente al enfermo; requiere para ello de preparación, dedicación y responsabilidad.

Conforme crecemos, nos acercamos a la que es nuestra verdadera vocación, lo cual a veces sucede de forma inconsciente. En el caso de la medicina es prácticamente imposible que exista un médico sin vocación, pues es el amor por la carrera lo que les obliga a resistir incluso los peores momentos y los peores tratos.

Rigurosa moralidad

Los principios morales siempre serán el motor de nuestra actividad profesional. No debemos permitir evadir los buenos principios ante un interés capital.

Dicen que “todos tienen su precio”, sin embargo esto no debería de suceder en la medicina, pues las buenas bases ayudan a establecer cimientos firmes y, por tanto, relaciones duraderas y de calidad.

Humanismo

Si todos somos humanos, ¿por qué no  tratarnos en términos de igualdad? A todos, el cerebro, el corazón, los pulmones, el riñón, y cualquier órgano vital en condiciones de salud, nos funciona exactamente igual.
La diferencia radica en que algunos desarrollamos mayor potencial en algunas áreas que en otras, pero no es tarea del médico juzgar a su paciente, sino tratarlo en la misma condición humana en la que le gustaría ser tratado.

Compañerismo

Hablar mal de otro médico es, por muchas razones que tengamos para ello, hablar mal de la Medicina, y por lo tanto, hablar mal de nosotros mismos.

La Medicina vive de su indudable eficacia, cada día mayor; pero vive también y actúa beneficiosamente gracias a su prestigio, al mito de su eficacia, que es parte del honor profesional.

Cuidar ese prestigio es obligación primordial de los médicos, sin más limitaciones que las que impone la salud del enfermo y la propia conciencia.

Todos en algún momento de la vida necesitamos de otras personas, por ello no es malo pensar que que se debe de empatizar con los compañeros, en el caso del médico esto suele suceder durante los años de formación al estar con una persona en el mismo lugar, en la misma situación de vida. En una guardia el compañerismo es esencial, pues hacer el rato mucho más ameno.

Entusiasmo

Los médicos nos damos cuenta que hay un margen en torno de cada trastorno, incluso del más orgánico, que sólo se deja atacar por la brecha ideal y misteriosa de la sugestión.

Y esta fuerza, que creo que debe llamarse extracientífica, depende, en último término, de una sola cosa: el entusiasmo del médico, de su deseo ferviente de aliviar a sus semejantes; en suma, del rigor y de la emoción con que sienta su deber.

El medico escéptico, por lo tanto esta casi inerme en la lucha contra la enfermedad.

No sólo la medicina requiere de entusiasmo, la vida en sí requiere de esas ganas de seguir adelante, hoy por hoy querer es poder, y esa actitud se refleja en tu práctica profesional.

Creatividad

Vivir no es sólo existir, sino existir y crear; saber, gozar y sufrir, y no dormir sin soñar; ….descansar es empezar a morir.

Todo pasa menos la verdad y la belleza, pero la verdad no es de este mundo,.. la belleza sí.

Ser creativo, en medicina, en la vida en general es saber divertirte en lo que haces, en los libros todo está escrito en la práctica diaria no, así que se le puede dar el modo perfecto para disfrutar, hacer bien y no caer en una rutina, en un automatismo.

De tal modo podemos concluir que para el correcto desempeño de la profesión médica se requiere prudencia, pericia, diligencia, recta intención y recta conciencia médica, favoreciendo un ambiente agradable y empatía con el paciente, pues en la medicina actual la relación médico-paciente ha evolucionado de gran manera haciendo imprescindible el poseer una buena aptitud y actitud de servicio que ayude a los profesionales de la salud a conducirse en la praxis médica y así tomar decisiones para realizar la intención  deseada, evitar los errores médicos y el proceder se oriente a la protección tanto del médico como del paciente.

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