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Más allá de la “moralidad”, los derechos de los adolescentes sobre la sexualidad

Como médicos nos encontramos en una posición de privilegio para educar a los jóvenes y evitar problemas a futuro
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En muchas ocasiones nuestra profesión nos pone en situaciones en las cuales (a veces) no estamos seguros de cómo proceder o en las que simplemente nos sentimos incómodos sobre lo que creemos es la manera “correcta” de actuar.

Uno de los ejemplos más concretos que me viene a la mente es el que tiene que ver con la salud sexual y reproductiva de los adolescentes, así como las pre-concepciones que muchos médicos podemos tener al respecto.

Como bien mencionábamos en un artículo anterior, el inicio de la vida sexual entre los jóvenes se da cada vez a una edad más temprana. Es lo que es.

Existen dos cosas que podemos hacer con la información anterior: ignorarla y hacer de cuenta que no pasa nada; o bien, aprovechar la oportunidad que nos brinda nuestra privilegiada posición para educar e informar al respecto a los chicos que atendemos diariamente.

Sin embargo, antes de optar por ignorar el tema, es necesario señalar que dicha opción podría resultar contraproducente, pues, de acuerdo con datos de la Encuesta Intercensal del INEGI de 2015, tan solo en la CDMX nacen anualmente cerca de 150 mil niños cuyas madres no superan los 19 años de edad.

Por si fuera poco, el número de niños que nacen de madres adolescentes en todo el país es de 360 mil, y de éstos el 40 por ciento corresponde a embarazos no planeados. Si tomamos en cuenta que además 70 mil de estos niños, junto con sus madres, viven en condiciones precarias, entonces no resulta lo más conveniente ignorar el problema.

No hacer nada es simplemente criminal, pues los chicos tendrán sexo con o sin nuestra orientación y el 60 por ciento de estos lo harán sin utilizar ninguna protección.

Dejemos de lado los embarazos, el no educar y reforzar la información en los jóvenes los ha convertido en el grupo demográfico más vulnerable ante el contagio del VIH/Sida. De acuerdo con datos del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/Sida (Censida), el 33.9 por ciento de los pacientes con esta enfermedad son jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, y la gran mayoría de ellos adquirió la infección al sostener relaciones sexuales no protegidas.

Es importante señalar que nuestras leyes enuncian los derechos sexuales y reproductivos de los adolescentes, y dentro de estos derechos se encuentra el de evitar los embarazos no deseados y no planificados.

“Tener acceso a servicios de consejería sobre métodos seguros y eficaces de regulación de la fecundidad que cumplan con estándares internacionales de seguridad y eficacia”, el lenguaje es claro y no parece susceptible a malas interpretaciones.

No cabe duda que nuestros pacientes jóvenes también tienen el derecho a no sentirse presionados en cuanto a sus decisiones sexuales o la posibilidad de ser discriminados en lo que a éstas se refiere. Cualquier adolescente, sin importar su edad, tiene todo el derecho a solicitarnos información y anticoncepción sin el conocimiento de sus padres.

Nuestra responsabilidad no consiste en juzgar o imponer nuestras versiones de moralidad o ideales a los jóvenes. Nuestra obligación consiste en educar con claridad, paciencia y empatía, y con base en ella recetar conforme los cánones establecidos, siempre y cuando estemos seguros de que nuestros jóvenes pacientes entiendan la decisión que están tomando y la responsabilidad que ésta conlleva.

El abrir el diálogo a la sexualidad de una manera natural antes de que empiece la vida sexual es lo más deseable. Años antes.

Debemos aprovechar cada oportunidad en exámenes anuales, en los cuales los chicos vienen acompañados de alguno de sus padres para tocar el tema. Después de todo es parte de la vida y hay que tratarlo como tal. El hacerlo de esta manera además ayudará a que los padres tengan ya una base para continuar el diálogo con sus hijos. Eso sí, debemos hacerlo en un tono muy ligero, y siempre haciendo hincapié en que el sexo no es una emergencia, sino que se debe pensar y planear antes de actuar.

Pero tal vez debamos pensar más allá de los “anticonceptivos”. No nos ponemos a pensar en el riesgo detrás del embarazo de una pequeña, que en realidad va más allá de cualquier método anticonceptivo, la perpetuación de los ciclos de pobreza, abandono escolar y riesgo de violencia y abuso a niños.

El tomar todo esto en cuenta cambia el panorama.

Ciclos que hay que romper sin duda alguna.

Si aún no te sientes seguro o tienes pacientes con problemas más complejos, canalízalos, pero dales seguimiento. De nada sirve decirles que no los podemos ayudar si no somos partícipes de la resolución del problema. Actuar de esta manera es el equivalente de no hacer nada.

Algo tan simple como crear hojas informativas que tú o tu equipo puedan repasar con tus pacientes puede ser parte de la estrategia. Incluye información de instituciones gubernamentales, o bien, fundaciones privadas sin fines de lucro en tu localidad que estén enfocadas a medicina reproductiva y a salud sexual.

Habiendo tantas opciones tan seguras y confiables en el tema de anticonceptivos, nuestra tarea es familiarizarnos con ellas y encontrar la mejor opción para cada uno de nuestros pacientes.

México tiene la nada envidiable distinción de ubicarse como el primer lugar en embarazos no deseados dentro de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Primer lugar de 34 países.

¡Ayudemos a cambiar de lugar!

No existe nada más trágico que una criatura cuya vida comienza sin que su existencia tenga sentido alguno para sus padres.

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